sábado, 4 de octubre de 2014

Percepción emocional

Percibir es una tarea mucho más definitoria de la vida de lo que un primer análisis pudiera parecernos. La capacidad para realizar una interpretación apropiada (a los fines que se persiguen) del entorno es imprescindible para asegurar la pervivencia y la proliferación de cualquier ser vivo. Desde un virus hasta un mamífero superior.  Por eso todos los seres vivos  cartografían el paisaje que les rodea mediante la información que llega a sus receptores: es un ejercicio de percepción sensorial. Sin embargo, las prioridades por interpretar ciertos aspectos del entorno varían según las especies.

El hadrocodium, un protomamífero del Jurásico (hace unos 200 millones de años) era un minúsculo animal de algo más de 3 cm, pero cuyo cerebro era el doble de lo esperable por su tamaño y evolución. Esa dotación cerebral extra le permitía procesar una cantidad mucho mayor de la información sensorial que recibía. Y eso incluía detalles y matices en su mapa del entorno a los que una lombriz, por ejemplo, nunca tendrá acceso. Unos detalles que con toda seguridad incluyeron, además, las actitudes  de sus congéneres reflejadas en sus cuerpos, para poder reaccionar de forma más eficiente ante situaciones de peligro. Una ventaja evolutiva que tiene, por tanto, millones de años.
Nosotros hemos heredado y desarrollado esa  capacidad hasta convertirá en una característica humana, que nos hace unos meteorólogos mediocres a la vez que unos maestros de la interpretación. Es la percepción emocional, la capacidad de captar y descifrar las emociones en los rostros y actitudes de nuestros congéneres. Y emocionarnos nosotros mismos con esa información.
La percepción emocional nos ha acompañado en nuestra historia como especie. Desde las sabanas africanas hasta la era digital, en la que los secretos de los rostros humanos nos siguen emocionando a través de las pantallas de los móviles y de los vídeos virales de youtube.

Nuestra civilización, desde el arte a la ingeniería, y desde la neurociencia al marketing, depende del mensaje que leemos en los rostros de nuestros congéneres y de la inclinación a modificarlos con otros mensajes igualmente emocionales.
Ya es hora, por tanto, que incluyamos la percepción emocional en nuestros objetivos de mejora profesional. En la lista de conocimientos imprescindibles. En las materias de especialización.

El miércoles 1 de octubre de 2014, se celebró el primer simposio científico dedicado a debatir las raíces y los desarrollos de la percepción emocional. Fue una experiencia estimulante, que desató un conocimiento emocionante. Puede consultarse el programa en www.percepnet.com/ps2014_3sqs. Un congreso que abrió una nueva ventana al futuro de las ciencias sensoriales.

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